viernes, 23 de abril de 2010

DÍA DEL LIBRO

Este año, como celebración del Día del Libro, hemos hecho un homenaje al poeta Miguel Hernández, ya que este año se cumple el Centenario de su nacimiento (30 de octubre de 1910). Como ya sabéis, puesto que habéis sido partícipes, hemos dedicado los días de ayer y hoy a un marathón de poesía sobre su obra, además de poder adquirir libros al módico precio de 1€ en el mercadillo de 2ª mano. Por cierto, ¿habéis comprado alguno?

Quien quiera más información sobre el poeta o sobre los diferentes actos puede visitar la siguiente página de su Fundación.

Por otro lado, muchos de sus poemas se han acompañado de música, especialmente por el cantautor Joan Manuel Serrat, quien este año está con la gira "Hijo de de la luz y de la sombra"

Os pongo un vídeo sobre algunas de las canciones :



También os pongo el poema que leyeron Pablo y Ana:


¿No cesará este rayo que me habita
el corazón de exasperadas fieras
y de fraguas coléricas y herreras
donde el metal más fresco se marchita?

¿No cesará esta terca estalactita
de cultivar sus duras cabelleras
como espadas y rígidas hogueras
hacia mi corazón que muge y grita?

Este rayo ni cesa ni se agota:
de mí mismo tomó su procedencia
y ejercita en mí mismo sus furores.

Esta obstinada piedra de mí brota
y sobre mí dirige la insistencia
de sus lluviosos rayos destructores.


Os propongo la siguiente actividad: Poner el título de un libro o escritor que os guste mucho y una cita de dicho libro, es decir, un fragmento que os haya gustado mucho, poema, etc. Aquí os dejo el mío: Nada, Carmen Laforet.

" Quizá me ocurra esto porque he vivido siempre con seres demasiado normales y satisfechos de ellos mismos. Estoy segura de que mi madre y mis hermanos tienen la certeza de su utilidad indiscutible en este mundo, que saben en todo momento lo que quieren, lo que les parece mal y lo que les parece bien… Y que han sufrido muy poca angustia ante ningún hecho. "


De todas maneras, yo misma, Andrea, estaba viviendo entre las sombras y las pasiones que me rodeaban. A veces llegaba a dudarlo.
Aquella misma tarde había sido la fiesta de Pons. Durante cinco días había yo intentado almacenar ilusiones para esa escapatoria de mi vida corriente. Hasta entonces me había sido fácil dar la espalda a lo que quedaba atrás, pensar en emprender una vida nueva a cada instante. Y aquel día yo había sentido como un presentimiento de otros horizontes.
Mi amigo me había telefoneado por la mañana y su voz me llenó de ternura por él. El sentimiento de ser esperada y querida me hacía despertar mil instintos de mujer; una emoción como de triunfo, un deseo de ser alabada, admirada, de sentirme como la Cenicienta del cuento, princesa por unas horas, después de un largo incógnito. Me acordaba de un sueño que se había repetido muchas veces en mi infancia, cuando yo era una niña cetrina y delgaducha, de esas a quienes las visitas nunca alaban por lin- das y para cuyos padres hay consuelos reticentes.